No me molestaba que ella brillara, me molestaba no ser su luz. Aplaudía sus logros con una sonrisa tan perfecta que parecía cortesía aprendida, pero por detrás me rechinaban los dientes como si cada triunfo suyo fuese una factura pendiente que la vida me había pasado otra vez a mí. Mis felicitaciones sonaban a protocolo y mis ojos, apenas disimulados, llevaban la cuenta fría de sus aciertos. Nunca quise superarla; no buscaba kilómetros por delante, sino que ella diera un paso en falso. No deseaba verla mejor, sino herida, porque así recuperaba, aunque fuera por un instante, la posición que me negaban sus pequeños espejos de éxito. Otra vez destrocé su victoria. (Del libro Cuando el verso habla en el blog orballar.com por Sonmeigo)

Disculpa, pero no estoy de acuerdo contigo 👏 porque no tienes por qué tener envidia. Y morra o conto. 🧐 🧐 🧐 🧐 🧐 🧐 🧐